En los últimos días, imágenes generadas con IA que imitan el estilo de Studio Ghibli han inundado las redes sociales. ChatGPT, la inteligencia artificial de OpenAI, los usuarios recrean escenas de películas, retratos de personas y hasta memes con este estilo animado. El propio Sam Altman, CEO de OpenAI, ha compartido ejemplos de estas transformaciones visuales, impulsando aún más la tendencia.
Si bien la generación de imágenes con estilo Ghibli llamaron la atención de los usuarios, hay costos menos discutidos pero igualmente preocupantes: su impacto ambiental. Detrás de cada imagen generada por ChatGPT, hay un consumo significativo de recursos, especialmente agua. Según el investigador Shaolei Ren, profesor de la Universidad de Colorado Riverside e investigadores de Universidad de Texas Arlington, el costo por generar cada imagen consume desde 2 a 5 litros de agua.

Antes de su lanzamiento, las Inteligencias Artificiales deben ser entrenadas en grandes servidores con múltiples unidades de procesamiento gráfico (GPU). Lo que conlleva un alto consumo energético y un gasto masivo de agua para la refrigeración de los equipos. Requiriendo millones de litros de agua dulce, y su ejecución diaria sigue demandando enormes cantidades.
Por cada 10-50 consultas simples, modelos como ChatGPT-3 gastan aproximadamente 500 mililitros de agua. Si consideramos que GPT-4 es aún más avanzado, su consumo podría ser significativamente mayor. En términos globales, se proyecta que la demanda de IA representará entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de extracción de agua en 2027.
OpenAI y su consumo tras bambalinas
OpenAI no ha revelado cifras exactas sobre el consumo de agua en sus operaciones, pero las estimaciones sugieren que la huella hídrica de la IA es considerable. El propio Sam Altman ha reconocido recientemente los desafíos que enfrenta la empresa para sostener la creciente demanda de generación de imágenes.
“Es muy divertido ver a la gente amar las imágenes en ChatGPT, pero nuestras GPU se están derritiendo. Vamos a introducir temporalmente algunos límites de velocidad mientras trabajamos para hacerlo más eficiente».
Sam Altman

Expertos como Ren piden mayor transparencia en este aspecto:
“La huella hídrica de la IA ha recibido mucha menos atención de la que merece. A medida que esta industria sigue en auge, el público merece conocer su impacto en los recursos hídricos”.
Shaolei Ren
Algunas compañías tecnológicas han empezado a reabastecer cuencas hidrográficas para compensar su consumo de agua y lograr un balance hídrico positivo para 2030. Sin embargo, el problema sigue siendo relevante y plantea un dilema sobre el costo real del avance tecnológico.
Hayao Miyazaki despierta preocupación ambiental
Aunque el director japonés Hayao Miyazaki no ha hecho declaraciones recientes sobre este fenómeno, en otras oportunidades ha manifestado un rechazo frontal a la creación artística generada por IA. Miyazaki, creador de películas icónicas como Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o La tumba de las luciérnagas, considera que la IA aplicada al arte es «un insulto a la vida misma«.
Durante una demostración de imágenes creadas mediante IA, describió las secuencias como “movimientos grotescos que los humanos no podemos imaginar”. Su postura no se limita a una simple crítica estética, sino plantea una profunda preocupación filosófica:
“Siento que nos acercamos al fin de los tiempos. Los humanos estamos perdiendo la fe en nosotros mismos, el mundo va en mala dirección”.
Hayao Miyazaki
Este tipo de declaraciones subrayan la creciente tensión entre la tecnología y la sensibilidad humana, un debate que se vuelve más urgente a medida que herramientas como ChatGPT transforman radicalmente la producción visual.
Mientras el uso de IA sigue expandiéndose en diversos ámbitos, sus efectos colaterales, desde las preocupaciones éticas sobre el arte hasta su impacto ambiental, deben ser parte del debate público. La fascinación por la tecnología no puede hacernos olvidar que, detrás de cada innovación, hay un costo que la sociedad debe evaluar con responsabilidad.
Fabricio Rullier Araujo

