La tensión comercial a causa de los aranceles entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo clímax, y sus consecuencias ya son palpables en la Feria de Cantón, el mayor escaparate de exportación del gigante asiático. La feria mercantil, que se celebra dos veces al año en la ciudad sureña de Guangzhou, reúne a más de 30.000 expositores en un recinto tan grande como 200 campos de fútbol. Esta edición está transcurriendo bajo una sombra pesada: la guerra comercial recrudecida por la administración de Donald Trump.
Candice Li, gerente de marketing de la empresa Conmo Electronic Co., lo resume con crudeza:
“Es una cuestión de vida o muerte. Entre el 60 % y el 70 % de nuestro negocio proviene de clientes estadounidenses, por lo que la presión que soportamos es extremadamente alta”.
Candice Li
Li, presente en el pabellón de su empresa, reconoce que los pedidos de dispositivos médicos desde Estados Unidos prácticamente han desaparecido. El golpe llegó tras la reciente decisión de Washington de aumentar en un 145 % los aranceles a ciertos productos chinos. “Lo que más nos preocupa es un estancamiento prolongado, donde ninguna de las partes ceda. En última instancia, somos nosotros, la gente común, quienes sufrimos”, lamenta. “Y una vez que se dejan de pagar los salarios, el desempleo se convierte en un verdadero problema”.
Pedidos detenidos, negocios paralizados

La mayoría de los exportadores consultados en la feria coinciden en el mismo diagnóstico; los pedidos estadounidenses, vitales para muchas firmas, han sido suspendidos o cancelados. Esto representa una amenaza directa para la segunda economía del mundo, cuyo crecimiento reciente ha dependido en gran parte de un superávit comercial que alcanzó el billón de dólares.
“Algunos de nuestros clientes estadounidenses ya han suspendido sus planes de pago”.
Afirmó Amy Ye, empleada del stand de un exportador de máquinas recreativas.
Xiong Meilin, director de ventas de Dongguan Weidi Information Tech Co. Ltd., admitió que están considerando diversificar hacia mercados como Rusia para compensar las pérdidas.
Según los organizadores de la feria, hasta el 8 de abril se habían registrado 170.000 compradores extranjeros, una baja considerable frente al récord de 253.000 asistentes en la edición de noviembre. La proporción de visitantes provenientes de EE. UU. y Europa también se redujo: de un 20 % al 10 % actual.
Trump redobla su apuesta
En paralelo a la crisis de los exportadores chinos, el gobierno de Trump ha ampliado el campo de batalla comercial. Esta semana, el Departamento de Comercio inició investigaciones sobre las importaciones de semiconductores, productos farmacéuticos e incluso maquinaria especializada, bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que autoriza al presidente a imponer aranceles por motivos de seguridad nacional.
Trump ha insinuado que los nuevos gravámenes podrían aplicarse esta misma semana. Las tasas podrían alcanzar hasta un 245 % en el caso de China, según una circular de la Casa Blanca. Esa cifra surge de la combinación de tres medidas: un arancel recíproco del 125 %, un 20 % adicional por lo que Washington considera falta de acción frente al tráfico de fentanilo, y otros aranceles del 7,5 % al 100 % bajo la Sección 301.
Reacciones y consecuencias

Desde el Ministerio de Comercio chino, la respuesta fue mesurada, calificando la reciente exención parcial para productos electrónicos como “un pequeño paso”. El presidente Xi Jinping advirtió desde Vietnam que el proteccionismo “no llevará a ninguna parte” y que, en una guerra comercial, “no habrá ganadores”.
Mientras tanto, Corea del Sur ha anunciado una inversión adicional de 4.900 millones de dólares en su industria de semiconductores para enfrentar la creciente incertidumbre.
En Estados Unidos, el impacto también se hace sentir. El dólar ha caído, los bonos se han debilitado y crecen los temores de recesión. Aunque los mercados bursátiles asiáticos y europeos mostraron una leve recuperación, el economista Gregory Daco advirtió que los aranceles, especialmente aquellos sobre bienes críticos, podrían generar inflación, caída del consumo y menor inversión. “La falta de previsibilidad complica cualquier pronóstico económico”, señaló.
El agro peruano toma posición
Lejos del epicentro comercial, en Lima, Perú, el Congreso y la Universidad Escuela de Administración de Negocios para Graduados (ESAN) se preparan para debatir las consecuencias de esta guerra arancelaria. El próximo lunes 21 de abril se llevará a cabo la conferencia “Retos y Oportunidades de los Aranceles impuestos por EE.UU.”, con la participación de economistas, empresarios y académicos. El objetivo: analizar los impactos sobre el agroexportador peruano y buscar estrategias para fortalecer su competitividad en un entorno internacional volátil.
Dan Ikenson, experto en comercio, advierte que imponer aranceles en sectores donde EE.UU. depende del exterior podría ser contraproducente: “En lugar de provocar disputas, deberíamos buscar acuerdos duraderos con proveedores clave como Canadá, Chile y Perú”.
En medio del vaivén de tarifas, excepciones temporales y tensiones geopolíticas, lo único claro es que los exportadores —como Candice Li y miles de otros en la Feria de Cantón— son los primeros en sentir la presión. Y para muchos de ellos, no es una cuestión económica. Es existencial.
Fabricio Rullier

