La misión NS-31 de Blue Origin marcó un hito histórico por estar conformada exclusivamente por mujeres y que introdujo avances en el diseño de trajes espaciales, adaptación ergonómica y percepción de la microgravedad. Lideradas por la cantante Katy Perry y la presentadora Lauren Sánchez, las tripulantes abordaron el New Shepard para iniciar su histórica misión espacial.
La nave, completamente automatizada, transportó a seis pasajeras, entre ellas la cantante Katy Perry, Lauren Sánchez quien tuvo un papel importante en el diseño de los trajes, la periodista Gayle King, la activista Amanda Nguyen, la científica espacial Aisha Bowe y la productora Kerianne Flynn.
La nave New Shepard, desarrollado por Blue Origin, despegó desde el oeste de Texas y superó los 100 kilómetros de altitud, cruzando la línea de Kármán, considerada el límite convencional entre la atmósfera y el espacio exterior.
Durante los aproximadamente diez minutos de duración, la cápsula transportó a la tripulación a través de un perfil de vuelo automatizado. A los tres minutos del lanzamiento, las pasajeras experimentaron microgravedad, en un entorno libre de peso donde pudieron flotar y observar la Tierra desde las amplias ventanas de la nave.
Automatización total

El módulo regresó a tierra mediante un sistema de paracaídas de despliegue automático, completando un descenso seguro y controlado. La cápsula aterrizó con precisión gracias a propulsores de retroceso y sistemas de amortiguación, mientras que el cohete propulsor regresó en caída libre y aterrizó verticalmente en la plataforma de lanzamiento, demostrando la reutilización eficiente de la tecnología.
A diferencia de misiones tripuladas tradicionales, el New Shepard no requiere intervención humana en su pilotaje. Los algoritmos de control autónomo gestionaron toda la operación, desde el despegue hasta el aterrizaje, respaldados por sistemas de navegación inercial y monitoreo en tiempo real desde tierra.
Este modelo de automatización maximiza la seguridad y permite que los tripulantes se concentren en la experiencia sensorial y científica, sin necesidad de formación técnica especializada.
Tecnología adaptada al cuerpo femenino

Una de las innovaciones más destacadas fue el rediseño completo de los trajes espaciales, en colaboración con la empresa Creative Character Engineering y la diseñadora Lauren Sánchez. A diferencia de los trajes tradicionales —frecuentemente pensados en función del cuerpo masculino—, los nuevos modelos fueron desarrollados desde cero para adaptarse anatómicamente al cuerpo femenino, incorporando criterios científicos de ergonomía, termorregulación y seguridad.
Los trajes fueron fabricados con neopreno elástico de alta resistencia al fuego, un material que ofrece mayor flexibilidad, aislamiento térmico y protección frente a variaciones extremas de temperatura. Además, permitieron libertad de movimiento durante la microgravedad sin comprometer la protección estructural del cuerpo.
Cada traje se produjo mediante escaneos tridimensionales del cuerpo de cada pasajera, lo que permitió personalizar el ajuste, mejorar la movilidad articular, disminuir los puntos de presión y aumentar la eficiencia biomecánica del movimiento en ingravidez.
En palabras de Lauren Sánchez al regresar a tierra:
“Estamos todos juntos en esto; más conectados de lo que creemos”
Lauren Sánchez
En ese sentido, la misión NS-31 no fue solo un viaje: fue un manifiesto tecnológico, corporal y cultural sobre el futuro de la exploración espacial.
El viaje también representó una oportunidad para observar los efectos de la microgravedad en personas no entrenadas profesionalmente como astronautas. Aunque breve, el entorno de ingravidez ofreció un marco para futuras investigaciones sobre neuropercepción, equilibrio vestibular y adaptación postural en vuelos suborbitales.
Además, la inclusión de perfiles diversos —ingenieras, activistas, comunicadoras— enriquece el tipo de datos y experiencias recogidas en este tipo de vuelos. Investigadoras como Amanda Nguyen y Aisha Bowe destacaron la importancia de democratizar el acceso al espacio para que la ciencia incorpore más variables humanas.
Fabricio Rullier

