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Perú se une al programa lunar de China

China abre su programa espacial a países con menor tradición aeroespacial, desafiando el modelo de cooperación tradicional dominado por agencias como la NASA o la ESA.

La Luna dejará pronto de ser solo un objeto de estudio desde telescopios terrestres para convertirse en un espacio de participación activa para la ciencia peruana. En 2029, un instrumento astronómico diseñado en Perú viajará a la superficie lunar a bordo de la misión Chang’e-8, iniciativa liderada por la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA).

El anuncio fue realizado durante el Día del Espacio de China, evento que no solo conmemoró los avances del programa espacial chino, sino que también sirvió para presentar a los once países seleccionados para colaborar en la misión. Perú compartirá espacio con potencias y naciones emergentes como Rusia, Italia, Irán, Turquía y Sudáfrica, en lo que se perfila como uno de los proyectos científicos más colaborativos y diversos del próximo lustro.

La China National Space Administration (CNSA) reveló que recibió 41 propuestas internacionales para incluir tecnologías dentro de los 200 kilos de carga útil destinados a cooperación. El instrumento peruano fue uno de los seleccionados, aunque todavía se mantiene en reserva su función específica. Esta misión no es solo un despliegue de hardware internacional, es un mensaje político y científico.

«(El Foro de Cooperación Espacial entre China y países de América Latina y el Caribe) es la mejor oportunidad que tenemos en estas relaciones bilaterales, o multilaterales con diferentes agencias, que permitan generar nuevas proyectos, así como su financiamiento. Eso impacta de manera muy positiva a la academia nacional»

Así lo señaló Roberto Melgar Sheen, jefe institucional de la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (CONIDA), en declaraciones al diario La República.
Fotografía de Roberto Melgar, jefe institucional del CONIDA.

Un paso antes de la presencia humana

La Chang’e-8 no llegará sola. La misión Chang’e-7 despegará en 2026 rumbo al polo sur lunar y abrirá el camino a la Chang’e-8. Su tarea consistirá en detectar posibles reservas de agua congelada en el subsuelo. La Chang’e-8, en cambio, se enfocará en probar tecnologías para extraer y utilizar esos recursos directamente en la Luna: oxígeno, agua, incluso materiales de construcción.

Ambas misiones son parte del camino hacia una futura Estación Internacional de Investigación Lunar, con la cual China planea habilitar las condiciones para presencia humana sostenible antes de 2030.

Perú, al integrarse a este proceso, no solo colabora: forma parte de la arquitectura científica que podría cambiar para siempre la relación de la humanidad con la Luna.

¿Por qué importa para Perú?

Este proyecto puede parecer lejano, pero sus implicancias son inmediatas. La participación en Chang’e-8 puede convertirse en un punto de inflexión para la ciencia y la tecnología nacional. Reafirma que, con el conocimiento adecuado, es posible construir desde Perú dispositivos capaces de operar en condiciones extraterrestres.

Además, abre el camino para que más jóvenes científicos y técnicos se sumen a proyectos de frontera. Eleva el estándar y exige inversión: no solo en laboratorios y universidades, sino en políticas de ciencia sostenida que miren hacia el futuro.

“China trabajará estrechamente con sus socios internacionales para lograr nuevos descubrimientos y avances tecnológicos que beneficien a la humanidad”.

Afirmó el director de la CNSA, Shan Zhongde.

Este paso, aunque tiene una carga simbólica poderosa, no ocurre por casualidad ni de forma aislada. Es el reflejo de un trabajo silencioso, pero constante, que diversas instituciones científicas nacionales han venido desarrollando. Desde observatorios astronómicos hasta proyectos de nanosatélites, Perú ha ido ganando experiencia en el estudio del espacio.

Fabricio Rullier

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