En Ottersberg, al norte de Alemania, siete vehículos Tesla fueron consumidos por las llamas debido a las protestas convocadas en varias ciudades del mundo contra Elon Musk, el magnate que alguna vez fue aclamado como visionario del futuro ecológico y hoy es blanco de críticas por su influencia política y su cercanía con Donald Trump.
“Elon Musk fue considerado en su día pionero del futuro ecológico. Pero el que mira hoy detrás de la fachada de su marca Tesla, no ve a un salvador del clima, sino a un rico oligarca tecnológico que trabaja con Donald Trump en un futuro que destruye el clima y la democracia, también en Alemania. Esta es precisamente la razón por la que nuestra protesta se dirige específicamente contra Tesla”.
Declaró Joyce Fiedler, activista de Nueva Generación durante una manifestación en Berlín.
En Hannover, apenas unos días antes, tres Tesla fueron vandalizados con grafitis como “KillElon”, hecho que derivó en la apertura de una investigación por delito de motivación política. Las pérdidas materiales por la quema en Ottersberg ascienden a cientos de miles de euros.
Los autos ahora son símbolos

Tesla no es la única víctima del rechazo popular. Durante protestas recientes en Los Ángeles, un grupo de manifestantes atacó vehículos autónomos de Waymo, filial de Google, alineándolos como barricadas móviles antes de prenderles fuego. Las razones trascienden lo económico, se trata de una respuesta directa a la vigilancia masiva, el despojo de empleos por la automatización y el uso de tecnología para reforzar políticas autoritarias.
“Cuando un vehículo eléctrico se quema, la física cambia. Ya no estás luchando contra un charco de gasolina en el asfalto; estás luchando contra una batería de óxido metálico de alta densidad energética”.
Explican desde Scientific American
Las cámaras instaladas en los robotaxis, diseñadas para navegación sin conductor, han sido vistas como dispositivos de espionaje. La sospecha de que las imágenes captadas se comparten con el Departamento de Policía de Los Ángeles encendió aún más el rechazo de los manifestantes. “Todavía no sabemos exactamente quién prendió fuego a los coches o por qué, pero está claro que más gente percibe los Waymos como una extensión de la infraestructura de vigilancia policial”, explica la periodista especializada Taylor Lorenz.
Incendiar un Tesla como acto político
Desde el asesinato de George Floyd en 2020, la destrucción de vehículos en protestas se ha multiplicado. En lugar de coches patrulla, los blancos ahora son eléctricos, autónomos, tecnológicos. El cambio es clave, los coches simbolizan el poder corporativo y una sociedad que automatiza más rápido de lo que regula.
Las manifestaciones recientes apuntan directamente a las figuras más visibles del poder tecnológico global: Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos o Sundar Pichai. Todos ellos, de una u otra forma, han apoyado agendas políticas asociadas a la ultraderecha o al tecnoautoritarismo.
El crecimiento del parque eléctrico plantea un reto para la infraestructura urbana. Desde reforzar sistemas de ventilación en garajes hasta instalar cámaras termográficas para detectar sobrecalentamientos, los expertos coinciden en que la normativa actual está desfasada.
“En los nuevos aparcamientos también se puede plantear que las plazas para eléctricos estén más separadas para evitar riesgos”, propone el arquitecto César Martín-Gómez. Otros sugieren ubicar los eléctricos en zonas más accesibles para los bomberos o emplear mantas térmicas y piscinas de agua para sofocar incendios complejos.

De los luditas al soplete digital
No todos los actos de sabotaje son violentos. El colectivo Safe Street Rebel en San Francisco halló una forma pacífica de inutilizar los coches de Waymo, colocar un cono de tráfico sobre sus sensores para dejar al vehículo «ciego». Es una imagen poética y poderosa: usar un ícono de control —el cono— como herramienta de desobediencia.
Sin embargo, la violencia sigue teniendo peso mediático, el fuego como en otras generaciones ha vuelto a ser lenguaje de resistencia.
“Han transformado estas tecnologías indiferentes y extractivas en instrumentos de protesta”.
Resume Brian Merchant, especialista en tecnología.
La destrucción de un coche eléctrico o un robotaxi hoy no representa solo una pérdida económica: es una declaración. Quien lo incendia no ataca un medio de transporte, sino un modelo de poder, una red de vigilancia, una automatización sin ética.
Como escribió Susan Sontag: “Las fotografías son un medio para hacer ‘reales’ (o ‘más reales’) cosas que los privilegiados preferirían ignorar”. Y pocas imágenes son tan difíciles de ignorar como la de un Tesla calcinado frente a la planta de su creador.
Fabricio Rullier

